
Llegó el día tan esperado, LA GRADUACIÓN. Se me hace tan difícil pensar que todo lo que viví durante estos once años llegó a su fin.
Desde que amaneció tuve sentimientos encontrados principalmente alegría y nostalgia. Las horas pasaban, los nervios se hacían cada vez más grandes, sin darme cuenta ya estaba lista con el peinado, maquillaje, zapatos y el vestido.
Sonó el timbre de mi casa, era mi pareja de promoción, me saludó con esa alegría que lo caracteriza, me hizo sentir más cómoda. Subimos al carro que nos llevaría al lugar donde sería la ceremonia, mientras tanto conversamos, nos reimos, poco a poco los nervios desaparecían.
Entramos al lugar, ya había una buena cantidad de gente, minutos después comenzó la ceremonia, escuchar los discursos de mis compañeros y los profesores fue muy emotivo, nos hicieron recordar acontecimientos importantes, sentí que los volví a vivir.
Luego fue la cena, el vals. Comenzó la fiesta, la pasé muy bien, no me puedo quejar, me di cuenta que no pude haber elegido a una mejor pareja, después de tantas semanas de búsqueda encontré exactamente lo que quería ¿Será que la vida siempre me deja lo mejor para el final?
Los minutos seguían pasando, ya algunos de mis compañeros se iban despidiendo, con un fuerte abrazo y frases como "Suerte en todo", "Ojalá nos volvamos a ver" espero que así sea. No quería que la fiesta termine, era triste saber que es la última vez en la que estamos todos juntos como promoción.
Fue momento de irme, con algo de pena entré a mi casa, entendí que este no era el final sino a penas el comienzo, el inicio de la vida real.
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